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Viabilidad y barreras para el ejercicio del derecho humano al agua y saneamiento en México
los que no hay recursos suficientes, probar alternativas de servicios poco
costosos. También es responsabilidad promover medidas de higiene y, aun
en las viviendas precarias debería promoverse la mejora en sus instalaciones
sanitarias. En México, desgraciadamente, existe la confusión —otorguémos-
le ese apelativo, por no decir el engaño— de que el abasto de agua se logra
con la construcción de infraestructura, aunque en la práctica ello no opere
así, ya que pueden existir obras construidas que no abastezcan agua, primero;
segundo, que el agua no sea potable; y tercero, que sea en la cantidad sufi-
ciente, es decir, que no haya tandeos. Construir un sistema de agua potable
no significa cubrir el déficit de agua de una familia, significa sólo eso: se ha
construido una obra más.
El siguiente punto es uno de los más álgidos: el precio del agua. No me
detendré en este asunto, sino para comentar que el documento recomienda
modalidades flexibles de pago, subvenciones a zonas pobres, utilización de
métodos alternativos a los llamados sistemas centralizados y la no reducción
de los servicios por falta de pago. En México, las tarifas por agua potable son
muy variables y existe siempre la confusión sobre si se paga por el agua o
por el servicio de agua. Ya mencioné mi posición al respecto páginas arriba.
En ciudades con alto desarrollo humano, como las ciudades de México o
Oaxaca, el precio del agua es verdaderamente bajo (Guevara
et al
., 2010),
por lo que podría optarse por mecanismos relacionados de disponibilidad del
agua, pobreza multidimensional, índices de rezago y de desarrollo humano
para definir precios y tarifas. Además, la política seguida por los organismos
de agua potable y saneamiento está centrada en cortar el suministro de agua
en caso de falta de pago, lo que contraviene, estrictamente hablando, estos
lineamientos de Naciones Unidas.
En cuanto a calidad del agua, en el documento de directrices se recomien-
da seguir las orientaciones de la
oms
y aquilatar las necesidades de grupos
vulnerables, tras realizar consultas específicas. En México este mecanismo
de consulta no se ha aplicado: existe resistencia de las instituciones a definir
mecanismos reales de consulta, en todos los casos. Las medidas para pre-
servar la calidad del agua deberían incluir la eliminación de las sustancias
más dañinas para la salud, en primera instancia, así como reducir la contami-
nación de las cuencas hidrográficas. En el modelo neoliberal actual practicado
en México, la lógica apunta hacia otro sentido, hacia el de la contaminación: la
falta de mecanismos de vigilancia, de acciones a nivel cuencas para detener