33
Derecho y responsabilidad por el agua
dencia fundada en el principio de responsabilidad del hombre, cuyo enuncia-
do central hace eco del imperativo categórico. En una de sus formulaciones,
la máxima de Kant reza: “Obra de tal manera que tu conducta pueda ser una
ley universal”, con base en la cual Jonas postula: “Obra de tal modo que los
efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida huma-
na auténtica en la Tierra”, o bien, dicho en negativamente: “Obra de tal modo
que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de
esa vida”; o de manera más llana: “No pongas en peligro las condiciones de
la continuidad indefinida de la humanidad en la Tierra” (Jonas, 2004: 40). La
idea fundamental de Jonas es “que la promesa de la técnica moderna se ha
convertido en una amenaza, o que la amenaza ha quedado indisolublemente
asociada a la promesa” (Jonas, 2004: 15).
La responsabilidad de la que habla Jonas tiene como condición indispen-
sable asumir que es necesaria la existencia de la humanidad en un mundo
habitable.
El primer imperativo, “que haya una humanidad” (Jonas, 2004:88), apa-
rece como una exigencia frente al nihilismo dominante a partir del siglo
xx
, a
raíz de la decepción moral que produjo el fracaso de la Ilustración. Regresar
al anhelo, posibilidad y necesidad de que exista una humanidad autentica y
un mundo digno es el imperativo fundamental que Jonas nos exige.
“No pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la huma-
nidad en la Tierra” (Jonas, 2004: 15).
De acuerdo con el principio de responsabilidad, tenemos el “deber de contro-
lar nuestro poder, por consiguiente, delimitar nuestro bienestar en bien de la
humanidad futura (Jonas, citado por Kung, 2006: 82).
El derecho al agua, como todo derecho humano, debe atenderse desde el
orden de la mesura y el respeto a la fuente de satisfacción de ese derecho.
Cabe aquí el señalamiento de que el principio de sustentabilidad que apli-
ca a proteger la fuente de satisfacción de los derechos de la generaciones
futuras tiene que complementarse con la atención a los desfavorecidos con-
temporáneos quienes, a su vez, no pueden permanecer exentos de respon-
sabilidad respecto al proyecto de producción y consumo que asumen; es
decir, respecto a la naturaleza como fuente de satisfacción de sus derechos
y necesidades.