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Derecho y responsabilidad por el agua
autónoma y más creativa, con ayuda de las herramientas menos controlables
por otros. La productividad se conjuga en términos de tener, la convivenciali-
dad en términos de ser” (Illich, 2011: 395).
La economía en el derecho humano
al agua
La fuerza moral del concepto de derecho humano radica en que es inherente
al reconocimiento del otro, con el que, por distinto que parezca, no sólo nos
identificamos sino que definimos la identidad de nuestra especie. Pero el
derecho es indisociable de la responsabilidad y la responsabilidad, a su vez,
supone la autonomía de las personas que la ejercen. La autonomía, lo hemos
visto, contiene simultáneamente la dimensión tanto moral como técnica.
El derecho que se reconoce a nuestro prójimo humano está asociado con
la dignidad, establece la
conditio sine qua non
para preservar la condición
humana: el derecho, más que un punto de llegada es la premisa, el supuesto
sin el cual no hay propiamente humanidad.
Las revoluciones francesa y estadounidense transitaron de la condición
moral de los derechos humanos a su establecimiento en un código jurídico:
pasamos del ámbito ético al constitucional y lo establecen como fundamento
de la democracia.
La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano ocurre en
1789, como contribución fundante de la Revolución francesa. La tradición
que se abre con estos acontecimientos alcanza un punto de apogeo en 1948,
con la declaración Universal de los Derechos del Hombre.
Con esa herencia a cuestas, el cometido de nuestra generación es, por
una parte, pasar del reconocimiento moral de los derechos humanos al esta-
blecimiento jurídico de esos derechos en acuerdos internacionales y en las
constituciones de los países; es decir, lograr que el respeto a los derechos
sea vinculante. Y por otra, en crear las bases para una sociedad que se autoim-
ponga en su economía los límites necesarios para recuperar y preservar la
capacidad de renovación propia de la naturaleza, con el fin de poner freno a
los procesos tecnoeconómicos que tienden a destruirla.
No se trata de parar los esfuerzos por mejorar la existencia del hombre y
la de la casa que habita, el
oikos
, precisamente tarea originaria de la econo-