Viabilidad y barreras para el ejercicio del derecho humano al agua y saneamiento en México - page 20

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Derecho y responsabilidad por el agua
acariciar al agua. La balsa es ya una herramienta, inocente en principio, pero
con la
potens
–poder, posibilidad, destino– de la tecnología preñada del do-
minio que primero entrega al hombre confort, satisfacción y prosperidad y, a
la postre, se transforma en contaminación y destrucción de
oikos
(casa) y en
la corrupción de zôê (vida). Arquímides, fundador de la hidrostática y primer
gran tecnólogo de la antigüedad griega, comienza su pensamiento matemá-
tico preguntándose por qué flotan los barcos. En China, el cultivo de arroz
por inundación se consolida gracias a la construcción de canales y diques
que permiten encauzar la corriente de los ríos. En Mesoamérica, la cultura
olmeca se funda hace 4,000 años a partir de la gestión técnica y simbólica
del agua en condiciones de trópico húmedo (Martínez Ruiz J. L., 2010). La
tecnología nace, en relación con el agua, con un espíritu que pretende, en
palabras de un tecnólogo moderno “entender su índole altiva para poder so-
meterla y doblegarla (…) para reducirla a nuestra voluntad, respetando –sin
embargo– la suya” (Levi, 1989). ¿Será posible cumplir el programa de Enzo
Levi: someter el agua a nuestra voluntad y al mismo tiempo someternos a la
voluntad del agua? La interrogante de Levi es central y nos permite desde
ahora anticipar la pregunta por los derechos: si el hombre tiene derecho al
agua, ¿acaso la naturaleza no tiene también “derecho” al agua?
Pero continuemos con el hilo de reflexión sobre
téchne
. La confianza en
la tecnología y su rechazo es tan antigua como las más remotas herramien-
tas y máquinas. Heisenberg (1994: 17) atribuye a un maestro chino llama-
do Tsi Gung una anécdota ocurrida, según él, hace 2,500 años, en la que
registra el peligro moral que representaba la entonces asombrosa maquina
hidráulica del cigüeñal.
Cuando Tsi Gung andaba por la región al norte del río Han, encontró a un viejo
atareado en su huerto. Había excavado unos hoyos para recoger el agua del
riego. Iba a la fuente y volvía cargado con un cubo de agua que vertía en el
hoyo. Así, cansándose mucho sacaba escaso provecho de su labor.
Tsi Gung habló: hay un artefacto con el que se pueden regar cien hoyos en un
día. Con poca fatiga se hace mucho. ¿Por qué no lo empleas? Levantóse el
hortelano, le vio y dijo: ¿Cómo es ese artefacto?
Tsi Gung habló: se hace con un palo una palanca, con contrapeso a un ex-
tremo. Con ella se puede sacar agua del pozo con toda facilidad. Se le llama
cigüeñal.
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