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Presentación
en mermar la disponibilidad del agua en las localidades rurales dispersas. A
dicha situación, el investigador agrega el fenómeno de la aceleración social,
expresado como “la velocidad con la que se extrae, se consume, se usa y
se regresa, no corresponde a su ciclo natural”, lo cual es una de las causas
antropogénicas de la escasez. Esto nos conduce –enfatiza Angulo– a una
“paradoja de la indemnidad”, al haber dos sistemas en contraposición estruc-
tural: el social con sus derechos y el natural con su ciclo; “¿cómo entonces
garantizar lo que no se puede garantizar?”
Arnulfo Embriz enfatiza que para cumplir en los pueblos indígenas con los
derechos humanos y, en particular, con el
dhas
, se hace necesario visibilizar
la dimensión de la población y sus características culturales principales. Por
hablar una lengua indígena e identificarse socialmente como perteneciente
a culturas indígenas, actualmente en el territorio mexicano se consideran in-
dígenas alrededor de 15.7 millones de personas, constituidos, de acuerdo
con su lengua, en 68 pueblos. Para este autor, El
dhas
tendrá que tomar en
cuenta que estos pueblos indígenas tienen sus propios sistemas sociales
y formas diferentes de pensar, comprender y representar la naturaleza y la
vida; de entender el agua y sus diferentes tipos y usos, manifiesta en sus for-
mas de gobierno, gestión y regulación de los recursos hídricos. Hablar de im-
plementar el
dhas
en los pueblos indígenas pasa por reconocer dos aspectos
sustantivos: primero, que las principales fuentes de agua en México (presas
y ríos) se abastecen por las lluvias. Agua almacenada en las presas Belisa-
rio Domínguez o la Angostura, Malpaso, Chicoasén, Aguamilpa, Temascal,
Cerro de Oro o Miguel Alemán, ubicadas en zonas indígenas. Asimismo, los
asentamientos indígenas coinciden con las regiones de mayor biodiversidad
en México. En segundo lugar, que donde mayor rezago existe en cuanto a
servicios de agua y saneamiento es, precisamente, en esta población, por lo
que el agua es una demanda permanente.
Ron Sawyer, a partir de nuevos enfoques de gestión hídrica, participación
y experiencia pragmática en el manejo de agua y saneamiento, propone,
para implementar el
dhas
, construir un nuevo paradigma y así transitar de una
sociedad actual que:
Depende de los combustibles fósiles, el consumo desaforado, la destrucción del
planeta y las desigualdades entre los pueblos, a otra realidad deseable basada en
la localización de la producción, el uso de la energía y los bienes que se pueden
obtener de manera sostenible de nuestro planeta, la preeminencia de la colectivi-