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Viabilidad y barreras para el ejercicio del derecho humano al agua y saneamiento en México
El viejo, mientras su rostro se llenaba de cólera, dijo con una risotada: he oído
decir a mi maestro que cuando uno usa una máquina, hace todo su trabajo
maquinalmente, y al fin su corazón se convierte en una máquina. Y quien tie-
ne en el pecho una máquina por corazón pierde la pureza de su simplicidad.
Quien ha perdido la pureza de su simplicidad está aquejado de incertidumbre
en el mando de sus actos. La incertidumbre en el mando de los actos no es
compatible con la verdadera cordura. No es que yo no conozca las cosas de
que tú hablas pero me daría vergüenza usarlas.
Del sabio Tsi Gung al pensador Heidegger, de China a Alemania, del siglo
vi
a. C. al siglo
xx
una parte de la humanidad piensa que someter el agua al
capricho humano es, en realidad para el hombre, perder no sólo su voluntad
sino su empuje moral. Para ellos, la tecnología a fin de cuentas deshumaniza
al hombre y desnaturaliza a la naturaleza. ¿Tiene sentido pugnar por el de-
recho al agua, puede prosperar y cumplirse esa reivindicación si el agua se
encuentra sojuzgada por el propio hombre?
Desde que la civilización comienza en el Neolítico, hace 11,000 años, hasta
la modernidad avanzada, siglo
xx
, el hombre se valió del agua como ener-
gía, recurso agrícola, militar y de placer, sin abandonar del todo su carácter
sagrado. El punto de quiebre inicia con la invención de la máquina de vapor,
patentada en 1784, y se consagra en el siglo
xx
con el uso masivo del inodoro
de sello hidráulico que derrama, a través del drenaje urbano, los excremen-
tos humanos al agua, contraviniendo uno de los 13 consejos de Hesiodo: “No
orines en la corriente de los ríos que van al mar, ni en las fuentes. Evita esto
sobretodo. No satisfagas allí ninguna necesidad, porque no sería la mejor
acción” (Hesiodo, 2007: 12).
Una vez disponible el drenaje, le siguen a los excrementos los desechos
industriales hasta hacer de los ríos, las lagunas y el mar el más grande ba-
surero. El hombre moderno redujo al agua a depósito de desechos y, junto
con el efecto de la construcción de presas y la cloración para potabilizarla, ha
sojuzgado por completo al agua al punto de que el propio ciclo hidráulico co-
mienza a ser insuficiente para limpiarla. Para muchos ya ha muerto el agua.
Es irónico que el excusado y el drenaje urbano para la eliminación de los
desechos sea la base tecnológica fundamental sobre la que se ha construido
la atención a las necesidades de saneamiento, reconocido ahora universal-
mente como un derecho humano incluido como una meta específica de los
Objetivos de Desarrollo del Milenio. El reto en la evolución de la tecnología