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El reconocimiento del derecho humano al agua potable y los pueblos indígenas
permite el intercambio de productos provenientes del mar con los productos
que se producen en otras zonas cercanas al Istmo, haciendo del comercio
pesquero una de las principales fuentes de ingresos para los indígenas de
la región.
El agua, ya sea dulce o salada, es de vital importancia para que las co-
munidades zapotecas, huaves o icootz, así como para los zoques de Los
Chimalapas que cohabitan en la planicie costera de Oaxaca, vean florecer su
lengua, cultura, tradiciones, así como su propia sobrevivencia.
Concepción del agua en la cultura maya
(Karina Beatriz Puc Balam, maya)
En la cultura maya, el agua tiene gran importancia. En lengua maya “agua” o
“lluvia” se dice “
ja
’”, aunque a la lluvia que cae se le llama “
chaak
”. Tanta es
la transcendencia del agua en la cultura y el pueblo maya, que incluso en El
Popol Vuh
, el
Libro del Consejo
o
Libro de la Comunidad
, se hace referencia
al agua como fuente de origen del universo y alma de la tierra: “No se mani-
festaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su
extensión […] No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el
mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.”
Además del predominio del agua en el mito maya de la creación, cultural-
mente se asume el agua como símbolo de vida, ya que es determinante en
la gestación de la in nidad de huevos que ponen los peces. Un ejemplo de
esto es el hecho de que en el sistema matemático y de números zoomorfos
mayas, el caracol representa al cero, que indica que el origen de la vida surge
del agua.
Chaac
o
Chaak
, según el alfabeto vigente actual, es el dios del agua, la
lluvia y el relámpago. Generalmente, porta un hacha para romper cántaros y
hacer llover. Antiguamente, algunos reyes mayas se vestían como
Chaac
y
también adoptaron su nombre como título nobiliario. Fue uno de los principales
dioses mayas, tal vez el más venerado y representado, sobre todo en la pe-
nínsula de Yucatán durante el periodo Posclásico. De acuerdo con algunos
relatos, este dios habitaba en las cuevas o cenotes (depresiones circulares
rellenas de agua, muy comunes en la península), las cuales también eran la
entrada al inframundo. Hoy día se le sigue rindiendo culto entre los agricultores.