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Viabilidad y barreras para el ejercicio del derecho humano al agua y saneamiento en México
Concepciones del agua en las diversas
culturas indígenas de México
Concepción del agua entre los nahuas
(Brenda Cantú Bolán, nahua de la Huasteca)
Los mexicas asumieron la idea mesoamericana de que el cosmos se inte-
gra por tres capas: los cielos, la tierra y el inframundo. Para ellos,
Ometeotl
,
principio universal de todo lo que existe, habita en la cúspide los cielos, él es
quien engendra a cuatro divinidades principales que, a su vez, se desdoblan
en otros dioses y crean mediante sacrificios divinos el cosmos, la naturaleza,
el tiempo cíclico y el hombre. Es en este proceso de génesis del cosmos que
se crean los dioses del agua y sus moradas.
Para los mexicas, son dos los dioses principales del agua:
Chalchiutlicue
,
diosa de las aguas que se esparcen por la superficie de la tierra y de los mares,
y
Tláloc
, deidad suprema del agua, regidor de la lluvia y quien tiene su resi-
dencia en el Tlalocan, paraíso de agua situado en las entrañas de la tierra.
La etimología de la palabra
Tláloc
se compone de
tlalli
, que quiere decir
“tierra”, y
octli
, que algunos traducen como “licor o néctar”, por lo que su nom-
bre podría traducirse como “Dueño del vino de la tierra”. Este dios era el res-
ponsable del sustento líquido para que la tierra germinara y la gente pudiera
alimentarse del maíz; producía relámpagos y rayos y ninguna gota caía sin
su consentimiento. En su carácter de
Tlaloc Tlamacazqui
, “proveedor divino”,
regaba con sus lluvias las siembras; hacía florecer y crecer los campos.
Por otro lado, los tlaloque eran los portadores de lluvia, especie de duen-
des o pequeñas divinidades sobrenaturales denominados por los cronistas
como “los ministros del agua de
Tlaloc
”. Eran quienes se encargaban de
recolectar este preciado líquido de la casa donde habita el Dios de la Lluvia y
dispuestos en los cuatro puntos cardinales, norte-sur, este-oeste. Los tlaloque
extraen el agua de los barreñones con sendos recipientes de barro, que en
este caso deben entenderse como metáforas de las nubes.
Estas creencias aún persisten en pleno nuevo milenio: en Xochimilco y
San Gregorio Atlapulco se han encontrado en las chinampas antiguas peque-
ños ídolos enterrados, de quienes se tiene la idea que contribuyen a tener
buenas cosechas y protección contra las heladas. En muchas otras regiones