Viabilidad y barreras para el ejercicio del derecho humano al agua y saneamiento en México - page 186

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Derecho humano al agua, derechos de agua, ordenamiento territorial, tecnología y administración
quiere de un manejo sostenible de los ciclos del agua y los nutrientes, lo que
exige un panorama integral en el que la gestión del saneamiento se vincule
en forma estrecha con la agricultura sostenible. Si el saneamiento es el talón
de Aquiles en el manejo del agua, es también el eslabón perdido de la segu-
ridad alimentaria.
En este sentido, no se puede generar una cultura del agua sin una “cul-
tura del excremento”. No es suficiente dotar de agua limpia sin considerar
las consecuencias (cómo y a quiénes dejamos esa agua servida). Hay que
asumir la responsabilidad por los residuos que generamos como individuos
y como sociedad: las heces que engendras son tu responsabilidad. Los re-
siduos pueden convertirse en recursos para enriquecer los suelos y producir
alimentos, en lugar de ser desechos y contaminantes.
En este cambio de paradigma, los sistemas de agua y saneamiento sos-
tenibles proveen una alternativa y esperanza para la supervivencia de los
asentamientos en cuanto al abastecimiento de agua, impacto ambiental, se-
guridad alimentaria e integración social. Tomando un enfoque de saneamien-
to centrado en el hogar, se diseñan estrategias de provisión de servicios de
agua y saneamiento descentralizados; es decir, se buscan formas de manejo
de flujos lo más cerca de donde se generan y así, consecutivamente, en es-
feras concéntricas.
Para poder manejar adecuadamente los flujos de manera cíclica, se bus-
ca estimular una participación con corresponsabilidad en distintos niveles.
Las inversiones descentralizadas son más pequeñas, sus esquemas de ope-
ración más sencillos y accesibles, y atienden a más sectores de la población.
Los posibles riesgos ambientales y de salud pública del saneamiento se
deben resolver manteniendo los ciclos de manejo a un mínimo tamaño prác-
tico, generalmente en ámbitos doméstico o de barrio, y diluyendo los resi-
duos lo menos posible. Cuando la población de las ciudades era menor de
200,000 habitantes, todavía se lograba regresar la mayoría de los nutrientes
(desechos) generados por la población a los terrenos próximos, y así cerrar
los ciclos de nutrientes hacia una seguridad alimentaria. Hoy, el crecimiento
descontrolado de las urbes ha olvidado este reciclado de nutrientes.
Así, es imperativo apoyar los procesos de descentralización y fortalecer
las estructuras locales para construir sociedades más congruentes que res-
pondan a las necesidades reales y sentidas de las comunidades locales y de
la población en general. Si nuestra visión es clara, conjuntamente podremos
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