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Viabilidad y barreras para el ejercicio del derecho humano al agua y saneamiento en México
un orden de prelación en cuanto a su uso humano, pero asociado a la con-
centración humana en territorios urbanos.
A su vez, la configuración del territorio hídrico se ve transformada, pues
ahora su recorrido natural es intervenido para re-localizarlo en función de
intereses diversos, ubicados en los centros de producción y distribución o in-
sertos en los conglomerados sociales, lo que también incrementa la entropía
al regresar el agua usada a los cauces naturales pero ya contaminada, gene-
rando un doble movimiento de escasez: escasez por localización y escasez
por contaminación.
La compresión del espacio del agua no responde a su ciclo natural ni ne-
cesariamente a su cauce sino, por el contrario, a la intervención humana, que
la lleva a “un desbordamiento” para reconstruirla tecnológicamente dentro de
un cauce artificial entubado, con otro ciclo que pasa por un uso intensivo y,
en el mejor de los casos, de tratamiento posterior, para retornarla al cauce
natural de donde se desvío y, lo más seguro, en forma contaminada. Este
movimiento de desvío se concentra en espacios comprimidos dentro de las
urbes y, a su vez, en otros espacios de mayor compresión, según sea su
uso específico: para servicios, consumo o procesos industriales, o bien, en
aquellos espacios rurales para fines agropecuarios. Así, la concentración del
agua responde a la re-localización por el uso antropogénico, mas no por su
consumo ambiental. Quizá por ello, recientemente se publicó la Norma Mexi-
cana del Caudal Ecológico, que atiende a estimar el caudal mínimo y óptimo
que hay que reservar para fines ambientales, ya que se está profundizando
la escasez antropogénica a costa de las otras especies y consumo ambiental,
que atenta contra los ecosistemas y regiones naturales.
En la era actual, se tiende a separar el espacio urbano de su dependencia
respecto de las funciones naturales para verlo como un sistema formal autó-
nomo. Esta peculiaridad del espacio constituye síntomas y manifestaciones
de un dilema históricamente original, que involucra nuestra inserción como
sujetos a un conjunto multidimensional de realidades discontinuas. El espa-
cio comprimido y localizado en las urbes que concentra el agua, contra el
espacio diseminado de las comunidades que respetan y conviven con el ciclo
natural del agua. Por un lado, asistimos a la convergencia de espacio-tiempo,
en tanto que en el mundo rural se presenta la divergencia espacio-tiempo.
En este sentido, lo que produce la compresión del espacio es la formación
de conglomerados hídricos que se contraponen a los cuerpos naturales de